sábado, 21 de noviembre de 2015

la guerra de los humoristas

Hoy, sábado 21 de noviembre, a las cinco y media de la tarde hay sesión de precodornicismo en La Fiambrera (c/ Pez, 7).

La erudita charla "Una cuestión de bigotes: Tono y Mihura vs. Jardiel", por cuenta de los codornizólogos Cabrerizo y Aguilar, se inscribe en una jornada sobre la edición independiente en la que participa Bandaàparte editores.


¡Feroz combate entre humoristas por la paternindad del celuloide rancio de largo metraje!

viernes, 13 de noviembre de 2015

decimos en minerva...

"Cuántas veces no habremos defendido, con afán de polemizar y alumbrados por el morapio, que la ciencia más apta para la comprensión del humor es la Física. Al fin y al cabo, la forma más pura del humor visual –el slapstick, o sea, la comedia de tartazo, tortazo y batacazo- se rige por las leyes inalterables de la energía cinética y la fuerza centrífuga. Defendía Henri Bergson el carácter puramente mecánico de los dispositivos que ponen en marcha la risa y a ello se atuvieron con admirable precisión Buster Keaton y los Keystone Kops de Mack Sennett."
Así arranca nuestra contribución al apéndice dedicado al humor en el número recién aparecido (24) de la revista del Círculo de Bellas Artes, Minerva. Como compartimos dossier con los maestros Quino y José Luis Cuerda estamos que no nos abrochan las camisetas de Un bigote para dos.

Editado en diciembre de 2016: Ya está disponible en línea: http://www.circulobellasartes.com/revistaminerva/articulo.php?id=645

viernes, 2 de octubre de 2015

bigoteando en las palmas


El próximo jueves, 8 de octubre, Un bigote para dos servirá de prólogo a la Muestra de Cine Iberoamericano iBértigo.

La cita con el desopilante humor de Tono y Mihura -y con la erudita presentación de un eminente codornizólogo- tendrá lugar en el CICA (Centro de Iniciativas de la Caja de Canarias) a las 19:00

Alameda de Colón, 1
Las Palmas de Gran Canaria

Agenda de proyecciones: http://unbigoteparados.blogspot.com.es/p/aproximaciones.html

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martes, 8 de septiembre de 2015

de vuelta


Bueno, pues se acabaron las vacaciones. Ya está de vuelta el bigote que todo el mundo añoraba durante la holganza estival. Y por partida triple...

En Cabra (Córdoba), donde los organizadores del Certamen Audiovisual han tenido el buen gusto de programarla entre otras proyecciones de parecido lustre para el viernes 18 de septiembre a las 20:30 en el Cinestudio Municipal. Como nuestros editores son de allí, el postevento se prevé tan memorable como la proyección y el coloquio sobre la película de Tono y Mihura.

Y en la Filmoteca de Valencia (Sala Luis G. Berlanga), el miércoles 30 de septiembre a las 20:00 y el jueves 1 de octubre a las 18:00.

¡Habrá más!

Agenda de proyecciones: http://unbigoteparados.blogspot.com.es/p/aproximaciones.html


domingo, 2 de agosto de 2015

la pantalla como gramófono


Ante la proliferación de operetas centroeuropeas en las pantallas españolas, el escritor Benjamín Jarnés —prosista del 27, colaborador asiduo de Revista de Occidente y de La Gaceta Literaria— lanza a principios de 1936 un grito de alarma. Ese mismo año, antes del golpe militar del 18 de julio, el Grupo de Escritores Cinematográficos Independientes - GECI publicará su libro Cita de ensueños, figuras del cinema.
He aquí la pantalla convertida en gramófono. Óperas, zarzuelas, operetas, muchas operetas abandonadas por cursis, por deleznables, por frívolas, irrumpen en el blanco y paciente sudario, que en vez de amortajarlas para siempre, las hace revivir. (Con gran regocijo de melómanos, de huecos sentimentales, que, no disponiendo para llenar su caletre de un lote visible de ideas en buen uso, lo llenan de arpegios, de trinos, de residuos de partitura, de viento sonoro. Porque el melómano empedernido suele tener por cráneo una lamentable caja de resonancia. Como el filosofoide —padecemos ahora muchos, y todos leyeron a Kierkegaard, tiene por cráneo una jaula de grillos.) Asistimos —repito— a la resurrección de la opereta. Esta resurrección, ¿podemos considerarla como fértil? ¿Será, en cambio, nociva?

Será fatal. Si el "café cantante" es mal enemigo del café, el "cine cantante" —no el "parlante"— es el peor enemigo del "cine". La cupletista que taconea en el tablado destruye el café como tal café, es decir, como pintoresca agrupación de tertulias, fugaces o permanentes; convierte a los consumidores en espectadores, los deforma, les hace adoptar incómodas posturas, les hace olvidar al amigo o amiga que tiene al lado... Pues en el "cine cantante" ocurre algo peor. Ocurro que el "cine" se borra como tal "cine", es decir, como agrupación armónica de gestos, de actitudes, como desfile de imágenes puestas al servicio de una idea poética, de un fragmento de historia, de un paisaje que —dinámicamente— se intenta reproducir. Sucede que el mismo "cine parlante" queda malherido en la médula, precisamente porque la voz, las palabras, el grito, el gemido, todo cuanto contribuye sonoramente a ayudar al gesto en su expresión de la vida interior de un personaje, queda arrinconado o maltrecho por la música. También la voz sufre quebrantos. La voz, como vehículo de una emoción individual, es suplantada por sí misma cuando —obediente a normas artísticas— pasa a traducir una situación dictada. Todos los gestos van detrás de la voz, todos se ponen al servicio de la batuta, no al del entrañable ritmo personal. Se destruye la melodía interior en obsequio a un pulso externo. Se llega a sacrificar la total armonía fisonómica, por someterse a un imperativo categórico orquestal.

Por eso, una aria, un dúo, un concertante de ópera, serán todo lo que se quiera excepto la expresión de los sentimientos —acondicionada a sus facultades— que a cada ejecutante le dicte su papel. Aida no canta su amor a Radamés, lo canta para el público, y hacia el público tiende los brazos en lugar de tenderlos hacia el héroe. Y mientras la tiple canta, no busquemos a la actriz. La actriz —la intérprete de una alma— se sacrifica a la tiple —la intérprete de una partitura—. Teatro en el teatro. Al fin, la ópera es lo más falso —humanamente— que existe. Teatralmente, no pasa de ser, en el más alto sentido, una formidable mixtificación. Teatro multiplicado por sí mismo. Ya sabemos que Mimí debe fingir que muere; pero en la ópera se muere como nadie puede morirse, cantando. (...)

Cuando el hombre quiere ahuyentar el dolor cantando, es que comienza a no sufrirlo intensamente, a sustituirlo por un júbilo más hondo que su propio sufrir. O siente ya melancolía, dulce recuerdo de haber sufrido, Y si en pleno dolor verdaderamente canta, no se sujetará mucho al papel pautado, sino a su propia ley interior. Si se somete a la ley artística, es que no sufriendo, aparenta sufrir; es que comienza a ser histrión. Pues el comediante de ópera o de opereta es eso: un actor —elevado al cuadrado o al cubo—, que en vez de tender los brazos a la bien amada, los tiende al señor gordo de la primera fila de butacas. Primero se viste de Lohengrin o de barbero, y después ha de acomodar su ritmo interior de Lohengrin o barbero al compás de la orquesta. Por eso, la suma expresión de impersonalidad artística suele ser un gran tenor. Gran tenor quiere decir que es sólo eso: tenor, un frágil instrumento —¡cómo se cuidan la garganta!—, no sólo de cualquier implacable Rossini o Wagner, sino de cualquier director de orquesta. Caen sobre el infeliz instrumento dos inflexibles "voluntades de estilo"; apenas le queda nada de la suya, si alguna vez puede tenerla... Quiero decir que el canto "artístico" va directamente contra el puro, contra el auténtico lenguaje de las gentes, contra el armónico desarrollo de esa melodía de actitudes que cada momento dramático exige del buen actor. Por eso ataca directamente al buen teatro, como tal teatro. Y mucho más al buen "cine", como tal cine. Pensemos por un momento en "Charlot" o en Paula Wessely cantando una aria de bajo y de tiple. Tendrían que renunciar a su genialidad de actores. Perderían su expresión humana, por ganar la de instrumentos de dos o tres voluntades: la del compositor, la del director de orquesta, la del realizador del "film"...

Es la inexorable lucha entre lo musical y lo plástico. Cuando en un personaje se acentúa un ritmo ajeno a su propio lenguaje —lenguaje total, de palabras y de gestos—, un ritmo no plástico, sino musical y elaborado aparte, impuesto a la figura viva, esta figura queda herida de muerte. Cuando Hamlet comienza a cantar, Hamlet desaparece. Puede encolerizarse, rugir, gritar, cantar como un loco ignorante de cualquier partitura, todo menos cantar regido por batutas. La batuta puede gobernar instrumentos —incluida en ellos la laringe humana—, pero no pasiones. Fiel a la ópera, infiel al teatro.

Mucho más infiel al "cine" Y bien podemos aventurar la idea de que el éxito de las operetas resucitadas —fatalmente resucitadas para el "cine"—, tal vez consiste en esto: en haber reclutado a los desdeñosos del "cine" y del teatro; pero fieles a esa encantadora mixtificación de las óperas y operetas.


Benjamín Jarnés: "Fatal resurrección de la opereta", en El Sol, 12 de enero de 1936, p. 10.

lunes, 27 de julio de 2015

especial traductores

Un articulito publicado en "La Linterna del Traductor", la revista de La Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes, en el que damos algunas pistas sobre nuestra aproximación a Un bigote para dos y, sobre todo, entramos en los intríngulis del subtitulado como reconstrucción filológica de un texto audiovisual inaccesible.

Desde hoy, en línea: http://www.lalinternadeltraductor.org/n11/un-bigote-para-dos.html

domingo, 12 de julio de 2015

mauricio en el cine-club del seu


Mauricio o una víctima del vicio se estrena en la octava sesión del Cine-Club Nacional del SEU, que se celebra en el madrileño cine Tívoli el 3 de noviembre de 1940 en sesión matinal. La sesión se completaba con los cortometrajes Winter im Schwarzwald (Invierno en Alemania, 1933), un documental sobre deportes de invierno, y Salzburg, die Mozartstadt (Salzburgo y las huellas de Mozart, Sepp Ziegler, 1939) patrocinados ambos por la Oficina de Turismo de los Ferrocarriles alemanes.

El "celuloide rancio" de largo metraje se presenta como “adaptad[o] al gusto moderno para que pueda verse y pueda oírse por Enrique Jardiel Poncela como dialoguista, comentarista, director, montador y animador general”.