domingo, 8 de septiembre de 2019

herreros, cameísta

El dibujante -y publicista y escalador y cineasta y portadista de La Codorniz...- Enrique Herreros fue también un infatigable cameísta, siempre presto a hacer el papelito brevísimo, pero de lucimiento.

La afición arranca cuando Edgar Neville rueda en el edificio del Palacio de la Prensa, donde trabaja Herreros, Yo quiero que me lleven a Hollywood (1931) y hace falta alguien que bese a una de las aspirantes a estrellas. Después de la guerra, sus apariciones en la pantalla menudean, sobre todo a las órdenes de Rafael Gil, que contó con él hasta en ocho ocasiones. Él mismo se reserva un papel harpomarxiano de cierto relieve en La muralla feliz (1947) y comparecerá por última vez como actor en La vida es magnífica / Le voleur de Tibidabo (Maurice Ronet, 1964).

He aquí un testimonio todo lo exhaustivo que nos ha sido posible de estos cameos...

un tipo besucón en Yo quiero que me lleven a Hollywood (Edgar Neville, 1931)

el acomodador del ozonopino de Eloísa está debajo de un almendro (Rafael Gil, 1943)

un calzonazos que declara ante el juez en El clavo (Rafael Gil, 1944)

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un personaje no localizado en Te quiero para mí (Ladislao Vajda, 1944) 

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el revisor del tren de Empezó en boda (Raffaello Matarazzo, 1944)

el empresario teatral de El destino se disculpa (José Luis Sáenz de Heredia, 1945) 

el faquir del circo de El fantasma y doña Juanita  (Rafael Gil, 1945)

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el "padrino 2" en Espronceda (Fernán, 1945) 

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otro personaje no localizado en Cinco lobitos / O diablo são elas (Ladislao Vajda, 1945) 

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un espectador en Senda ignorada (José Antonio Nieves Conde, 1946) 

el joyero de María Fernanda la jerezana (Enrique Herreros, 1946) 

el doctor Pedro Recio que mata de hambre a sancho en Don Quijote de la Mancha (Rafael Gil, 1947) 

el hijo mudo en La muralla feliz (Enrique Herreros, 1947)

un comerciante escarmentado por los bandoleros en Aventuras de Juan Lucas (Rafael Gil, 1949)

un mozo de cuerda en La revoltosa (José Díaz Morales, 1950) 

el cantante afónico de Teatro Apolo (Rafael Gil, 1950) 

el autor dramático de El gran Galeoto (Rafael Gil, 1951)

un ratero del Rastro en De Madrid al cielo (Rafael Gil, 1952) 

el señor que se busca algo en el ojo de Cabaret (Eduardo Manzanos, 1951) 

y el coronel de La vida es magnífica / Le voleur de Tibidabo (Maurice Ronet, 1964)

domingo, 25 de agosto de 2019

los famosos jaimitos


Una página dedicada a los complementos sonorizados por Ramos de Castro para Seelecciones Cinedía y distribuidos por Balet y Blay. La publicidad figura en el número de septiembre de 1941 del boletín empresarial Sombras, donde también se lanza a bombo y platillo la "versión sincronizada" de The Son of the Sheik (El hijo del caíd, George Fitzmaurice, 1926). A juzgar por el texto promocional -"han pasado los años, la técnica cinematográfica se ha perfeccionado, ha evolucionado la psicología humana, pero Valentino nos demuestra que jamás ha sido un actor de temperamento decadente"-, este otro celuloide rancio no tenía nada de humorístico.

domingo, 4 de agosto de 2019

la codorniz en albarracín



En 1961 José Luis Gamboa rueda en exteriores albarricienses Cerrado por asesinato, una intriga humorística con un par de asesinatos y un puñado de sospechosos de entre los turistas de un hostal en la que el habitual secundario Rafael Alonso asume, como en El baile (Edgar Neville, 1959) o en El grano de mostaza (José Luis Sáenz de Heredia, 1962), un papel cuasiprotagónico.

Manuel (Alonso) y Elena (Mara Cruz) son un matrimonio que llega a Montecorona, un pueblo del interior arrasado por el turismo. El chaval que les lleva las maletas hasta la fonda les pide un dólar y el recepcionista (Juan Cazalilla) les pregunta en todas las lenguas vivas posibles qué idioma hablan hasta que ellos le decepciones contentando en cristiano.

Manuel es un probo funcionario cuyo mayor alarde de inconformismo es comprar La Codorniz... para abanicarse, claro. En cambio ella es una mujer fantasiosa, imaginativa, aficionada a las novelas policiacas y deseosa de tener una casita en tan encantadora localidad para poder pasar el veraneo y los fines de semana. Al fin y al cabo, allí escribe sus novelas el afamado Luis de la Hoz (Alfredo Mayo). Para satisfacer su capricho y demostrarse a sí mismo que no es un calzonazos, Manuel entra a robar en la habitación de una inglesa a la que ha visto esconder una importante cantidad de dinero en el interior de una radio. Pero la mujer le sorprende, Manuel la empuja y...

La fantasía detectivesca de Elena no hará sino proporcionar argumentos al escritor y a su amigo inspector de policía (Félix Dafauce) para que den con el asesino sin saber que éste es su marido. La visita al castillo local sirve de tópica reunión de acusados y propicia una nueva alusión al universo condornicesco, cuando el guía asegure que el lugar sirvió de inspiración a Mingote para crear a su "pareja siniestra", personajes a los que es probable que el público de 1964 -año de su estreno en Barcelona- aún recordara, pero que debía de sonarle a chino al de 1970, cuando la película llegó por fin a una pantalla de la capital en pleno verano.


En cualquier caso y para que conste esta incursión cinematográfica nunca censada de Chumy Chúmez, la portada es suya y corresponde al número 1039 -"estraordinario decicado a las bestias"- del 8 de junio de 1961.

martes, 9 de julio de 2019

el libro del verano


El 24 de julio próximo se anuncia el lanzamiento de la monumental biografía sobre nuestro humorista de cabecera cocinada a seis manos por Gema Fernández-Hoya y Aguilar y Cabrerizo. Edita, con exquisito gusto, Renacimiento.

¡Vacaciones sin Tono son vacaciones perdidas!
Gema Fernández-Hoya / Aguilar y Cabrerizo:
Tono, un humorista de la vanguardia
Renacimiento, colección "Biblioteca de la Memoria"
480 págs.
ISBN: 8416981779


viernes, 14 de junio de 2019

conchita, la fantástica


 
Una mañana, mientras hace footing en un parque, Daniel (Agustín González) ve como un hombre mayor (Antonio Gamero) apuñala a un jovencito que se burla de sus intenciones de mantener relaciones con él. Cuando su mirada se cruza con la del asesino, escapa, pero se deja olvidado un libro de poemas de Walt Whitman en un banco del parque. Aunque su amante, Miriam (Victoria Vera), intenta que olvide el asunto, a partir de ese momento Daniel se siente perseguido por un extraño y la situación se va volviendo más kafkiana cada vez.

La estructura zigzagueante que propone Testigo azul (Alucinema) (Francisco Rodríguez, 1989), al invitarnos a que nos sumerjamos en la fabulación obsesiva del protagonista, admite tanto el coqueteo con el género fantástico como las salidas de tono humorísticas. Es en este aspecto donde cobra especial relevancia el papel de abuela de Miriam interpretado con una convicción desarmante por Conchita Montes. Correctamente arreglada en las escenas que se desarrollan en lugares públicos, pero con el pelo disparado en la intimidad, se muestra admonitoria con su nieta y brutal con el amante de ésta, sin perder nunca el pulso esperpéntico de un personaje salido del búnker del barrio de Salamanca. En una cinta lanzada por la pendiente del fantástico hermético, su presencia nos devuelve a una realidad no menos delirante.


No es la primera incursión de nuestra actriz en este territorio genérico. En 1972 ya había formado parte del reparto de Diabólica malicia / Night Child / La tua presenza nuda (James Kelley / Andrea Bianchi, 1972). La multiplicidad de títulos delata el origen multinacional de esta coproducción. Todavía quedarían por consignar el internacional, What the Peep Saw, y los alemanes, Der Zeuge hinter der Wand / Diabolisch. Esta bicefalia también se aprecia en la dirección, con la atribución de las copias anglosajonas a James Kelley y la de la italiana, al menos, a Andrea Bianchi con su propio nombre o con su habitual alias de Andrew White. Bianchi trabajó también en esa etapa en España en Belleza negra / Black Beauty (James Hill, 1971); ambas son las primeras incursiones de Andrés Vicente Gómez en la producción, con la marca Eguiluz Films. No resulta menos peliagudo el asunto de las versiones, con doblaje asegurado en cada uno de los idiomas de los cuatro países implicados en la producción. En España, Selica Torcal puso voz Britt Ekland, Juan Logar a Hardy Kruger y Delia Luna a Lilli Palmer. Conchita Montes se dobla a sí misma y, acaso por ser una de las pocas actrices nacionales que podían actuar con cierta soltura en inglés, se justifique su presencia en el reparto. Su papel es episódico y se reduce a tres escenas en las que comparte encuadre con Britt Ekland.

Aunque el guión se supone que es un original del televisivo Robert Preston, su germen está en Otra vuelta de tuerca de Henry James y en una serie de películas coetáneas de corte fantástico que utilizan a la infancia como elemento perturbador, como The Nightcomers (Los últimos juegos prohibidos, Michael Winner, 1971) o The Other (El otro, Robert Mulligan, 1972). Es en este marco y en las múltiples refracciones que provoca Repulsion (Repulsión, Roman Polanski, 1965) que cabe ubicar esta historia de un preadolescente perverso (Mark Lester) o de su madrastra perturbada (Britt Ekland).


sábado, 1 de junio de 2019

tono y un sainete en la costa brava


De un sainete de costumbres turísticas del humorista Joaquín Muntañola realiza José María Font-Espina su primer largometraje en solitario en 1968: El Baldiri de la costa / En Baldiri de la costa.
 
En los créditos figura Muntañola como autor de la comedia original y la pareja formada por José María Ricarte y Francisco Pérez-Dolz como adaptadores y dialoguistas. Completan el tándem literario el propio director y el productor, Antonio Isasi-Isasmendi, con el alias de Antonio I. Lasa. Aún nos encontramos como "colaborador en los diálogos" al ayudante de dirección Luis Linares.

Pero para enterarnos de que también Antonio de Lara -nuestro Tono- metió la cuchara en este guiso hemos tenido que leer la monografía que Lluís Bonet Mojica dedica a Jordi Feliu [Filmoteca de Catalunya, 2008]. Al repasar su propia trayectoria tras su separación de Feliu, Font-Espina rememora la realización de En Baldiri de la costa y L'advocat, el batlle y el notari (1969,) y el éxito que obtuvieron gracias al protagonismo de Joan Capri. Desde luego, no resulta ajeno a su popularidad en Cataluña el hecho de que se tratara de las dos primeras películas cuya exhibición se autorizó en lengua vernácula, algo que se le había negado tanto a Iquino con El Judas (1952) como a Armando Moreno con María Rosa (1965).

De Tono asegura Font-Espina que "aportó una cincuentena de gags de los que aproveché la mitad; los demás no venían a cuento". [Font-Espina a Bonet Mojica: Op. cit., pág. 135]