jueves, 14 de marzo de 2019

vicente viudes y el precodornicismo


A la altura de 1939 el espíritu de una Codorniz aún por nacer ya impregnaba a buena parte de lo más inquieto de la mitad de la cultura española que se ha alineado con los vencedores de la Guerra Civil.

Vaya como ejemplo la contraportada del último número de la revista de combate La Ametralladora [núm. 120, 21 de mayo de 1939], dirigida por Miguel Mihura, y en la que el pintor, figurinista y escenógrafo murciano Vicente Viudes hace gala de su conocimiento del nuevo humor...


Convalecencia
(por V. Viudes)
-Pues, sí, hija; gracias a este reconstituyente me estoy poniendo hecha un hombre.

martes, 5 de marzo de 2019

las siete vidas del gato, según lazaga


Las siete vidas del gato (Pedro Lazaga, 1970)


Según iba madurando su concepto de la dramaturgia de lo inverosímil, Enrique Jardiel Poncela se mostró progresivamente reacio a adoptar la estructura clásica en tres actos. Generalmente, se valía de un prólogo exento y de dos actos. La necesidad, en las comedias de intriga, de una explicación que satisficiera al público solía convertir el desenlace en un giro sorprendente tantas veces insatisfactorio por su precipitación y su carácter acomodaticio. Pero cuando Jardiel intentaba saltarse este expediente, el público protestaba y él siempre buscó el éxito. Mucho más en 1943, cuando, después de una serie de triunfos ininterrumpidos desde el batacazo de su drama de la vida hollywoodense, El amor sólo dura dos mil metros, había ido encadenando en los escenarios del Infanta Isabel y de la Comedia funciones que alcanzaban invariablemente la cifra mágica de las cien representaciones. Es entonces cuando decide formar compañía propia por segunda vez y emprender una gira por Latinoamérica que se saldará con un triple desastre financiero, político y amoroso que afectaría notablemente a su producción hasta el fin de su vida.

Jardiel estrena Las siete vidas del gato en el verano de 1943 en San Sebastián, en plena formación de la compañía con la que piensa estrenar en Barcelona y trasladarse luego a Argentina. Pisa terreno conocido: la intriga dislocada de Eloísa está debajo de un almendro y Los habitantes de la casa deshabitada. También hay aquí un personaje femenino que siente una atracción morbosa por un hombre que podría ser su asesino y una familia tronada, los Arriaga, que no son los Briones pero casi. Sus ascendientes han asesinado a sus mujeres en presencia de un gato negro. Beatriz podría ser la séptima víctima y, por eso, Guillermo ha decidido abandonarla apenas desposada. Lo que sigue es un enredo fenomenal, con un trapero llamado Sócrates metido a detective, dos tías chaladas, pasajes secretos, varios intentos de asesinato y un disparo postrero que sirve de remate a la acción. Sin embargo, este final, sumado a los cuatro prólogos macabros, suscitó reticencias en el público durante el estreno donostiarra, así que la comedia llegó con un final menos siniestro al escenario del Infanta Isabel: siete disparos y siete muertos en escena... que luego no son tales.

Alfredo Marqueríe, el paladín de Jardiel en la prensa diaria, asegura que se trata de un auténtico ejercicio circense, "¡más difícil todavía! [...], como para demostrarnos que ni la técnica teatral tiene secretos para él ni su fantasía es inferior a la del mejor folletinista". [Informaciones, 1 de octubre de 1943.]


El guión de Luis G. de Blain pone el acento en los personajes cómicos, adelantando al primer acto la presentación de Sócrates (Antonio Ozores), poniendo al día su actividad profesional al presentarlo al frente de un combo de música tropical que acude a actuar en el banquete de bodas y proporcionándole sendos portores cómicos en los personajes del chófer del microbús, desconfiado y borrachín, interpretado por José Luis Coll, y la gogó argentina que se pone a bailar y se desnuda –signo de los tiempos- cada vez que sale de su sopor y a la que da vida con buenas dosis de autironía Rosanna Yanni. La otra estrategia estructural es la multiplicación de las escenas paralelas y la inserción de planos relámpago sobre los asesinatos del pasado, que vienen a sumarse a una planificación resuelta con abundancia de contrapicados y grandes angulares. La resolución queda aún más simplificada que en la última versión de Jardiel y José Luis Coll vuelve a comparecer en pantalla, esta vez disfrazado de gorila.

Pero si por algo destacan Las siete vidas del gato cinematográficas es por asumir a conciencia la hipertrofia de prólogos que proporcionen un detonante explosivo para la acción dramática, en lugar del clásico preámbulo en el que se nos dan los antecedentes.


Patty Shepard encarna a las cuatro mujeres asesinadas en cuatro viñetas que, en lugar de seguir los pasos argumentales pautados por Jardiel, remiten a otros tantos géneros bastardeados: el gótico y el giallo para la dama del candelabro estrangulada (1873); el melodrama italiano y el slapstick en la pianista muerta de un tiro por el marido engañado (1893); el grand guignol y el folletín para la rubia gaseada (1918); y la farsa de la cursilería para la madre que recibe un tiro que iba dirigido contra su amiga (1936). Lo curioso es que esta actualización de la acción, que permite situar el grueso del relato en el año de su realización, no tiene nada que ver con las acciones violentas ocurridas en los prolegómenos de la Guerra Civil, a los que se alude de forma explícita y que viene a sustituir a la bomba contra Alfonso XIII que servía de referencia temporal al tercer prólogo de Jardiel, ambientado en 1906.

miércoles, 23 de enero de 2019

trapos viejos y estrellas de ayer


Editado el 23 de enero de 2019, para subsanar múltiples errores
conforme a las gentiles precisiones del especialista Carlos Paz Molina

En su búsqueda de un humor homogéneo, carente de aristas propagandísticas, Miguel Mihura confiaba en la revista milanesa Bertoldo para completar las viñetas que le faltaran a la hora de completar una página de La Ametralladora. Carlo Manzoni, Giaci Mondaini y, sobre todo, Saul Steinberg, eran valores seguros, garantes de una afinidad que no encontraba en otras latitudes, amén de que el apoyo de Mussolini a las tropas sublevadas en España propiciaban el intercambio.

Si esto sucede en el humor gráfico, algo análogo ocurre con los celuloides rancios cinematográficos. La casa milanesa Miniatura Film se lanza en 1936 a la producción de una película pionera: I quattro moschettieri (Carlo Campogaliani, 1936). Se trata de un largometraje completamente realizado con marionetas y un auténtico ejemplo de transmedialidad. La historia había constituido un éxito inusitado de público cuando Angelo Nizza y Riccardo Morbelli la adaptan como serial radiofónico para la EIAR —la antecesora de la RAI— en la temporada 1934-35. Además de los personajes creados por Alexandre Dumas, se incorporan a la acción personajes netamente italianos, como Arlequín, y en el papel de los criados de los mosqueteros, Fric y Froc, cuya caracterización vocal corre a cargo de los dobladores de Stan Laurel y Oliver Hardy: Mauro Zambuto y Alberto Sordi. La publicidad de I quattro moschettieri hace pareja publicidad de las más de tres mil marionetas de la familia Colla empleadas en la filmación, como de las caricaturas de la pareja cómica creada por Hal Roach. La promoción y la crítica incidieron también en la alternativa autóctona que suponía este tipo de realizaciones a la animación foránea; vale decir, a la escuela de Walt Disney o los hermanos Fleischer.

A pesar de recibir el beneplácito del público y la crítica, la Miniatura Film no reincidió en esta vía y, a lo que sabemos, abandonó la producción estricta para centrarse, a partir de 1938, en la facturación de celuloides rancios. ¿El motivo? La política autárquica mussoliniana, sumada a las leyes relativas al doblaje obligatorio, que provocó el boicot de las majors estadounidenses. Al contrario que los celuloides rancios de Enrique Jardiel Poncela, a partir de películas de Edison, o los de la productora francesa Victofilm, que reciclaban materiales de Gaumont primitivos de Gaumont, Miniatura Film selecciona sus materiales entre las películas de dos bobinas de Lige Conley para Century Film, al que rebautizan como "Pick", o las de Larry Semon para Vitagraph Company of America, que había distribuido originariamente en Italia la Anonima Pittaluga.


Existe otra diferencia fundamental: en tanto que los celuloides rancios descansan en la figura del “explicador”, un comentarista único que glosa para el público la acción, las películas de Miniatura Film son sonorizaciones completas, en las que, una vez suprimidas las cartelas, cada personaje es doblado a la par que se incorpora una partitura ad hoc y los imprescindibles efectos de sonido. El caso de Larry Semon resulta excepcional por el número de obras canibalizadas y su popularidad a lo largo de los años. La serie se compondría de más de casi cuarenta títulos de los que he podido identificar:  
Ridolini visconte per amore (Huns ans Hyphens, 1918), Ridolini innamorato (Skids and Scalawags, 1918), Ridolini e la bestia nera (Bears and Bad Men, 1919) Ridolini al bagno penale (Frauds and Frenzies, 1918), Ridolini e le spie (Pluck and Plotters, 1918), Ridolini e i teppisti (Traps and Tangles, 1919), Ridolini Doganiere (Dew Drop Inn, 1919), Ridolini prende moglie (Scamps and Scandals, 1919), Ridolini sceriffo (Well, I'll Be, 1919), Ridolini e la mano nera (Passing the Buck, 1919), Ridolini a Sing-Sing (The Star Boarder, 1919), Ridolini e la collana della suocera (His Home Sweet Home, 1919), Ridolini macchinista (Between the Acts, 1919), Ridolini cameriere (The Head Waiter, 1919), Ridolini droghiere (The Grocery Clerk, 1919), Ridolini sposa la vergine a 19 carati (The Simple Life, 1919), Ridolini fra i cinesi (The Fly Cop, Mort Peebles, 1920), Ridolini scolaro (School Days, L1920), Ridolini inserviente teatrale (The Stage Hand, 1920), Ridolini cerca la fidanzata (The Suitor, 1920), Ridolini esploratore (The Sportsman, 1921), Ridolini esattore (The Rent Collector, 1921), Ridolini ispettore (The Fall Guy, 1921), Ridolini groom (The Bell Hop, 1921), Ridolini alla segheria (The Sawmill, 1922), Ridolini al varietà (The Show, 1922), Ridolini giocatore di golf (Golf, 1922), Ridolini commesso di bazar (The Counter Jumper, 1922), Ridolini al tabarin (A Midnight Cabaret, 1923), Ridolini e le modelle (The Gown Shop, 1923), Ridolini e il colpo di fulmine (Lightning Love, 1923), Ridolini pugilista (Horseshoes, 1923), Ridolini astemio (Trouble Brewing, 1924), Facciamo l'amore (The Girl in the Limousine, 1924). 
La popularidad del personaje aún tenía vigencia en 1948, cuando Edizione Torelli encarga al dibujante Paolo Piffarerio un tebeo quincenal inspirado en el personaje cuya publicación se prolonga hasta 1953, momento en que vuelve a las pantallas en forma de popurrí de largo metraje. Ridolini e la collana de la suocera (1953), cuyo remontaje italiano firma Otello Colangeli, se presenta como un doblaje de Scalera Film para ORA Film, de Roma. En esta ocasión, la voz del payaso de cara enharinada corresponde al cómico milanés Tino Scotti, en tanto que la de Oliver Hardy —su rival habitual antes de que Hal Roach lo emparejara con Stan Laurel— estaba doblado por Cesare Polacco.

 

En la España de la primera posguerra es Balet y Blay, la distribuidora que en su serie “Trapos Viejoe”, la que se encarga de volver a poner de actualidad al personaje. Importan —desconocemos si legal o subrepticiamente— los montajes de Miniatura Film y les superponen una nueva locución de Ramos de Castro sobre la sonorización italiana. La serie incluye: la versión larga de Golf con el título de Jaimito, jugador de golf, Pluck and Plotters como Jaimito y la espía, Bears and Bad Men como Jaimito y Stand [sic.] Laurel con la fiera negra, The Sportsman como Jaimito explorador, Traps and Tangles como Jaimito, policía. En todas ellas se multiplican los retruécanos, las aleluyas y las alusiones a personajes populares que, como la vedette Laura Pinillos o el matador Marcial Lalanda, en busca de la complicidad con el público de principios de los años cuarenta. Que coincidieran en la cartelera con el doblaje absolutamente excéntrico de Un bigote para dos (Tono y Mihura, 1940) es el resultado de estas paradojas creativas que concita un medio eminentemente industrial.


También puede ocurrir que al entrar en la producción seriada la genealogía resulte un tanto confusa. La versión de Balet y Blay titulada Jaimito en el cinema prescinde de la cartela de costumbre —“el malogrado Larry Semon”— porque no está protagonizada por él, sino por Lige Conley. This Way Out (Jack White, 1923) fue producida por su realizador y distribuida en Estados Unidos por la productora que se hará cargo de las películas de Semon cuando abandonara Vitagraph en 1924, Educational Pictures.

Juan Arajol, factotum de Exclusivas Arajol, enseguida ve la jugada. Recicla un título prebélico de Larry Semon como "Tomasín" Passing the Bucken el que el operador Tomás Duch queda acreditado como responsable de la “sincronización” en una cartela que no aparece en otros títulos de la serie "Estrellas de Ayer".


Puntualiza Carlos Paz Molina:
En cuanto a Tomasín detective de hotel, puedo afirmar que es un producto anterior al año 41, y por tanto anterior a Arajol. De hecho esta sonorización de Tomás Duch es de los años 30, y la voz que se escucha no es la de Ramos de Castro. (Hay datos del estreno anterior de esta sonorización). Pero los de Arajol [...] la reestrenaron con su cabecera y mantuvieron el letrero de "Ramos de Castro", cuando claramente no es él, y se quedaron tan anchos.
Acaso por ello Tomasín, detective de hotel —sonorización de  incorpora unas didascalias preliminares en las que figuran esas aleluyas ripiadas que son casi sello de la casa:
Aventuras sensacionales de: / Tomasín, con un revólver, / Ali Kate, con una maleta, y / Un negro, con una navaja. / El negro es el que tiene el arma blanca. / Una cinta emocionante / Con el robo de un tesoro. / Si hay algún impresionante / Que haga mutis por el foro. / (Y si se está, que se aguante)
Las siguientes entradas en la serie de Arajol ya no cuentan con el doblaje italiano, sino que apoyan la "explicación" de Ramos de Castro con un fondo musical. Algunos de estos reciclajes toman los títulos con los que se habían estrenado, aún silentes, a finales de la década de los veinte, cuando el personaje era conocido en España como Tomasín. En Tomasín con vida y sin bodaHuns and Hyphens, la primera comedia de dos rollos de Semon— Ramos de Castro recuerda al público esta doble identidad al presentar al personaje: “Nuestro amigo Jaimito, antes Tomasín, presumiendo de tiros largos, está en casa de su prometida Floripondia Manganeso”. El padre de la susodicha había inventado en el original, dada la proximidad de la Gran Guerra, una máscara antigás, que en el explicador convierte en una “máquina para hacer gambas a la plancha sin plancha y sin gambas”.

También forman parte de este primer desembarco arajoliano: A Jaimito no le parte un rayo, de Lightning Love; Jaimito y Stan Laurel en peligros a granel, según Fraud and Franzies; Gotas de rocío, que es como se titula la versión sonorizada de Tomasín y la gota de rocío, título con el que se había estrenado, muda, The Barnyard (1923). Camaradas a bordo, ventriloquización de la ruritana A Pair of Kings (1292), y Tomasín todo un hombre, a partir de The Gown Shop, son los dos títulos de Larry Semon Pedro Llabrés.


En la década de los cincuenta Arajol facturará una nueva hornada de Jaimitos, de nuevo con comentarios de Ramos de Castro, pero mucho más sofisticados. Ahora, además de la “explicación”, se les añade banda de sonido y doblaje para todos los personajes. Estas sonorizaciones se realizan en los estudios Hispania de Barcelona con Rafael Navarro al frente del equipo de dobladores y asumiendo el papel de narrador y alguno de los personajes secundarios. De poner voz a Larry Semon se encarga José Vidal, que hará lo propio con Chaplin en el rimero de cortometrajes de Charlot que también forman parte de este lote.



Los títulos de crédito de este ciclo se distinguen por un fondo estrellado, en alusión al rubro “Estrellas de Ayer”. Su dulce hogarHis Home Sweet Home— y Jaimito, el vencedor —que combina fragmentos de The Fall Guy y Golf— forman parte de esta tanda. También Aspirante a detective (The Egg, Gilbert Pratt, 1922) y El hombre de las cien mil caras (The Sleuth, 1925), películas de dos rollos de Amalgamated Producing Corporation protagonizadas por Stan Laurel en las que el actor británico está doblado por Fernando Sancho.  

Por meterse a redentor / Jaimito don Juan —Humbugs and Husbands— es el único título de esta serie que conserva, como fondo de la locución de Ramos de Castro, el doblaje italiano  de Miniatura Film, pero parece que se trata simplemente de un trueque de cabeceras, a partir de las sonorizaciones realizadas por Balet y Blay.

Sobre Jaimito en el teatroThe Show— apunta una vez más Carlos Paz Molina:
The Show se versionó de dos maneras. Inicialmente Ramos comentó para Balet y Blay la versión con doblaje italiano de Miniatura Film, posteriormente, se hizo una versión ya con doblaje para Arajol.
Pero vamos con Jaimito, juezThe Rent Collector—, una entrada estricta en el ciclo semoniano en versión de Ramos de Castro para Balet y Blay. Se trata de una especie de nueva versión de Easy Street (La calle de la paz, Charles Chaplin, 1917), aquel cortometraje de Chaplin para Mutual Film Corporation, en el que, para conquistar a la bella hija de un reformador en un barrio sin ley, Charlot se avenía a ingresar en la policía y terminaba con los matones gracias a su astucia. Semon no asume el papel de autoridad instituida, sino el de un simple cobrador de alquileres, pero Oliver Hardy tiene el papel de bravucón que en la película de Chaplin hacía Eric Campbell. El decorado es prácticamente idéntico, misión y puesto de fruta incluidos. El cómplice del villano es Frank Alexander, mucho más obeso que el popular “Gordo” de la pantalla, tanto que formo parte de un trío de comediantes cinematográficos conocidos como A Ton of Fun. Semon intenta cobrarle la renta a su mujer y, cuando ella se niega, le vacía la casa de muebles, sólo para caer en la cuenta de que Hardy es el propietario de los mismos. Cuando una joven de la buena sociedad (Norma Nichols) que ha ido al barrio a practicar la caridad, cae en manos de un anarquista bakuniano y de un toxicómano —promiscuidades a que dan lugar los barrios bajos—, Semon, convertido en un torbellino al sentarse inopinadamente sobre una jeringuilla cargada de cocaína, acomete su salvamento y termina conquistando su corazón, después de deshacerse de sus dos fornidos rivales. Una digresión argumental, como el afeitado del villano, el cubo de alquitrán derramado, la pesa que atraviesa todos los pisos de la casa y el barbero convertido en galápago humano, constituye un encadenado de gags cuya eficacia mecánica está más allá de la personalidad del protagonista.

La locución humorística no se limita a subrayar la acción, sino que la comenta siempre en términos jocosos. La cosa comienza con los nombres: el orondo Alexander queda bautizado como Boliche, el violentísimo Hardy como Plácido y la no menos robusta Eva Thatcher, que interpreta a su mujer, como Rosalinda. Sigue con las confusiones de género: “Como el frutero usa pendientes debe ser frutera, pero como lleva bigote debe ser frutero, así que para no equivocarnos le llamaremos ‘la frutero’”.

Tampoco faltan los juegos de palabras. La capacidad del automóvil del que bajan una veintena de muchachas caritativas “parece la normal… la normal… pero la Normal de maestras”. Ni las referencias familiares a los espectadores, de modo que un charco de considerables proporciones se convierte en “el pantano del Alberche”. La homofonía permite que cuando Rosalinda caiga en una cuba de alquitrán, el explicador la envíe a la isla de Cuba. La autorreferencialidad hace su aparición cuando, para incentivar las expectativas del espectador por cuenta de la inevitable persecución final Ramos de Castro anuncia que “ninguna película de principios de siglo podía terminar sin estos lances”. El efecto acumulativo de todas estas estrategias y la indudable gracia de los viejos gags —Semon fue un consumado maestro de los que atañían a persecuciones y batacazos— siguieron proporcionando entretenimiento al público familiar durante muchos años.


Para terminar de escabechar la genealogía, estos montajes se vendieron a las casas Aries Films, CPA y Kinoluxe, que realizaban reducciones en 8mm y súper-8 para el mercado doméstico. Estas copias fueron de nuevo troceadas y rebautizadas. Y así, Kinoluxe llamaba a Bears and Bad Men, ¡Que viene el oso! y a His Home Sweet Home, Cocinero a la fuerza, en tanto que CPA titulaba The Star Boarder como Jaimito, el fresco número 1.

A principios de la década de los ochenta del pasado siglo la televisión alemana los repone con sonorizaciones chuscas a partir de los mismos internegativos. Y es así como Ridolini fra i cinesi, que en España se llamó Jaimito entre chinos de la serie “Trapos Viejos”, termina denominándose en Alemania Larry in Kungfunistan. Por estos mismos años aún se celebraban sesiones matinales sabatinas o semanas de vacaciones escolares con programas compuestos por Arajol a base de varios celuloides rancios.

La eclosión del fenómeno del vídeo doméstico y de las televisiones privadas han propiciado sucesivas resurrecciones de unas canibalizaciones que no siempre se anuncian como tales. Un público por completo ajeno a las referencias a vedettes y toreros de antaño sigue disfrutando del slapstick gracias a esa pátina difusa de “lo vintage” que permea también el fetichismo de los soportes deteriorados por el uso y la reproducción a partir de generaciones innúmeras de duplicados. Cuando más accesibles resultan todas estas versiones, más triunfa la nostalgia sobre el análisis filológico del canibalismo cinematográfico. 


Recursos y bibliografía:
Italia Taglia: http://www.italiataglia.it/ 
Portal de Archivos Españoles del Archivo General de la Administración: http://pares.mcu.es/ 
Canal CINE MUDO / Silent movies en YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCS-84iRcdFoozlaGI0UaZVg 
Javier Luengo: Sin palabras: Cine cómico mudo. Oviedo, Ayuntamiento de Oviedo, 1996. 
Carlos Paz Molina: Risas y sensaciones de antaño: http://risasysensaciones.blogspot.com/2013/04/semblanzas-de-risa-larry-semon-tomasin.html y correos electrónicos del 23 de enero de 2019 (Nuestro agradecimiento por los mismos.]
Claudia Sassen: Larry Semon, Daredevil Comedian of the Silent Screen. Jefferson (Carolina del Norte), McFarland & Company, 2015.

sábado, 24 de noviembre de 2018

la primera biografía de conchita montes


El miércoles, 28 de noviembre, a las 19:00, presentación en Nakama Lib (Pelayo, 22 - Chueca / Madrid) de Conchita Montes, una mujer ante el espejo, por Aguilar y Cabrerizo.

La biografía de la actriz, traductora, empresaria teatral, escritora y creadora del "Damero Maldito" en La Codorniz, ha sido editada por Bala Perdida e inaugura la colección "En la diana". Además, cuenta con un clarividente prólogo de la gestora cultural Marina Díaz López.

domingo, 12 de agosto de 2018

tito fernández adapta a mihura


Bajo el título de Las panteras se comen a los ricos (Ramón Fernández, 1969) -justificado en la secuencia de créditos animada creada por Pablo Núñez- se esconde la adaptación cinematográfica de la comedia  Las entretenidas, que Miguel Mihura había estrenado en el Teatro de la Comedia en 1962. Entonces fue saludada por la crítica como un éxito de Julia Gutiérrez Caba, Rafael Alonso y Antonio Garisa en los tres papeles principales y como otro triunfo de Mihura a la hora de concebir una obra poética y humana sin apenas otro resorte que un diálogo cuajado de hallazgos humorísticos.

La adaptación aprovecha una ensoñación de la protagonista en la piscina para contar los antecedentes de la pareja: cómo se conocieron en una verbena, como la consumación de su amor resulta impracticable en la pensión donde vive ella y cómo él decide ponerle un chaletito -un apartamento en la Colonia El Porvenir en la comedia- que ella decora como si fuera "un fumadero de opio". Por lo demás, la versión cinematografica sigue, con el conveniente cambio de escenario, la comedia casi punto por punto.

Don José (Fernando Fernán-Gómez) quiere plantar, después de tres años de relación, a Fany (Patty Shepard), que ha nacido en Badajoz (“esa provincia tan peligrosa para chicas que no tienen medios...”). Su amigo Vicente (Manolo Gómez Bur) está al quite, con ciertas precauciones traídas de La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde.

Pero Fany juega sus cartas: el suicidio, el chantaje, la seducción, los celos… y finalmente don José decide formalizar su relación. En varios momentos la sombra de Tres sombreros de copa planea sobre el vodevil:
–Espero que no me guardarás rencor.
–No soy rencorosa, José.
–Me has hecho muy feliz, Fany.
–Tú también a mí.
–¿Te acuerdas de aquella noche en la verbena?
–Sí. Allí nos conocimos. Estabas muy gracioso con aquel bigote postizo que te compraste para hacerme reír.
–Es que estabas triste.
–Como lo estoy ahora. ¡Qué lástima que esta noche no tengas bigote para quitarme la tristeza!

La sustitución de la cafetería Bombay por el Drugstore o de la novela polciaca por la serie televisiva Mannix, son algunas de las alteraciones superficiales que pretenden poner al día una obra que se habia estrenado siete años antes. Que no hubiera que cambiar ninguna otra cosa de mayor calado habla bien a las claras de lo superficial del publicitado progreso que la tecnocracia había traído a España.

martes, 10 de julio de 2018

conchita, edgar y césar


Sobre Veinte añitos, reelaboración de Neville al servicio de Conchita Montes de un texto escrito hacia 1945 con el título de Los hombres rubios, anota César González-Ruano en su diario:
Fina comedia, pero peligrosa después de El baile y de la de Mihura [A media luz los tres]. Conchita Montes de vieja y Conchita Montes de joven. ¿Encajará bien el público este juego insistido? Conchita está muy bien. Es, sin duda, una actriz extraordinaria. [César González-Ruano: Diario íntimo (1951-1965). Visor Libros, Madrid, 2004. pág. 552.]
El estreno no es bueno, según Neville por causas totalmente ajenas al reparto de papeles. El público, entregado al juego de la venta de almas de un matrimonio maduro (Pedro Porcel y Conchita) a un pobre diablejo (Rafael Alonso), se inquieta en el segundo acto. Pero el tercero, en el que el autor tiene puestas todas sus esperanzas, es recibido con indiferencia. Edgar asegura que deslucen el estreno unos equilibristas que intervienen al final y que la obra remonta en días sucesivos y que en provincias funciona estupendamente. González-Ruano ha asistido al ensayo general:
Los fotógrafos han tomado muchas fotografías. La mayor parte de ellas espontáneas en plena acción de las escenas, pero algunas preparadas.—Señorita Montes, por favor, ríase ahora un poco.
—¿Pero cómo quiere usted que me ría con el estreno encima?
Y es que Conchita, la admirable Conchita, parece que es de las actrices que más sufren conforme se acerca el estreno. Se pone nerviosa y entra en baches de depresión tremendos.
—¡Vamos, Conchita, que éste puede ser un segundo Baile!
—¡Ay, Dios te oiga! ¡Cualquiera puede saberlo! [César González-Ruano: “Ensayo general: Veinte añitos, de Edgar Neville en la Comedia”, en La Vanguardia Española, 10 de febrero de 1954. pág. 7.]
[Caricaturas de Ugalde, en ABC, 10 de febrero de 1954. pág. 29.]